Solemos saber lo que tenemos, siempre y cuando sea contable –propiedades, ingresos, deudas, enfermedades, parentela, herencias–. Tampoco se nos escapa lo mucho que hacemos –para eso están agendas, obligaciones, exigencias, reproches–. Peor fortuna corre nuestro mayor caudal: lo que somos. Permanece ignorado y relegado al trastero de nosotros mismos. Somos cromañones de nuestros adentros. La observación y el conocimiento de lo intangible requieren algo más que saber contar. Requieren querer ver y aceptar que lo que se ve existe, nos guste o no. Para empezar no faltan ocasiones: todo en nosotros y aun alrededor nuestro proclama a gritos lo que somos y lo que es. También el arte apunta, como un dedo valiente e incansable que señala las verdades incómodas, hacia allí donde escuece mirar. Donde cura. Con dulzura y firmeza entra en nosotros. Pinta una marca en los tabiques que condenan las puertas de algunas habitaciones del alma. A veces abre un boquete en ellos para que podamos echar u...
anochecer sublime
ResponderEliminarefímero
eterno
anochecer.......
Más sublime cuanto mayor el cielo.
ResponderEliminarO igual no, a lo mejor el cuadradito de cielo de un tragaluz lo es todavía más para el hombre confinado.