Removeremos tierra, carbón y tinta. Someteremos a puños las ideas. ¿Qué material no cederá, si no cejamos? Nos quedarán, ése es el precio, las uñas negras.
"Miss Virginia, de dos años y medio, araña a su hermano, de cuatro años. Insisto, y al fin lo consigo, en que debe pedir perdón o darle un beso. Se muestra muy pensativa por algún tiempo y luego me pregunta: '¿Para qué tenemos uñas, papá?'" [Carta de Leslie Stephen, padre de Virginia Woolf, fechada el 23 de diciembre de 1884.] La gripe me lanzó en brazos de Virginia Woolf , la biografía a cargo de Quentin Bell –sobrino de la escritora– traducida y prologada en castellano por Marta Pessarrodona. Entre fiebres y toses, con la mente acorchada y la emoción al borde del estornudo, me paseé por sus edades y amigos, por sus casas y escritos, por su amor, por su enfermedad, por sus intuiciones, convicciones y dudas... Y recorrí sus infinitas lecturas, sus dedos entintados por los tipos o atando hábilmente paquetitos de libros con cordel, la extensión kilométrica de su correspondencia – que superó con creces la de sus viajes – . Oí sus réplicas afiladas, su...
El franctirador d'Albert Pijuan no dispara bales mortes. Els seus trets són precisos i abaten els lectors, un per un, sense treva ni remei. El franctirador tomba qui troba al seu pas. I les seves víctimes literàries s'hi rendeixen de gust. Sota l'aparença d'una novel·la negra, el relat lliga curt el lector amb el fil de la trama i l'arrossega pels carrers foscos de la connivència entre policies i pinxos, per les llars de la misèria –on la gent fa equilibris amb la supervivència com qui sosté un pal d'escombra dret damunt d'un dit–, per les innombrables formes que adopten la maldat, l'abús i l'opressió, per la precarietat de les conviccions, per la quotidianitat de la injustícia i la vergonya... Albert Pijuan pren el relleu d’autors com Maj Sjöwall i Per Wahlöö, que amb la seva sèrie de volums protagonitzats per l’inspector Martin Beck van esbotzar la superfície gelada que contenia i amagava aigües turbulentes a la societat sueca dels ...
Solemos saber lo que tenemos, siempre y cuando sea contable –propiedades, ingresos, deudas, enfermedades, parentela, herencias–. Tampoco se nos escapa lo mucho que hacemos –para eso están agendas, obligaciones, exigencias, reproches–. Peor fortuna corre nuestro mayor caudal: lo que somos. Permanece ignorado y relegado al trastero de nosotros mismos. Somos cromañones de nuestros adentros. La observación y el conocimiento de lo intangible requieren algo más que saber contar. Requieren querer ver y aceptar que lo que se ve existe, nos guste o no. Para empezar no faltan ocasiones: todo en nosotros y aun alrededor nuestro proclama a gritos lo que somos y lo que es. También el arte apunta, como un dedo valiente e incansable que señala las verdades incómodas, hacia allí donde escuece mirar. Donde cura. Con dulzura y firmeza entra en nosotros. Pinta una marca en los tabiques que condenan las puertas de algunas habitaciones del alma. A veces abre un boquete en ellos para que podamos echar u...
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