Solemos saber lo que tenemos, siempre y cuando sea contable –propiedades, ingresos, deudas, enfermedades, parentela, herencias–. Tampoco se nos escapa lo mucho que hacemos –para eso están agendas, obligaciones, exigencias, reproches–. Peor fortuna corre nuestro mayor caudal: lo que somos. Permanece ignorado y relegado al trastero de nosotros mismos. Somos cromañones de nuestros adentros. La observación y el conocimiento de lo intangible requieren algo más que saber contar. Requieren querer ver y aceptar que lo que se ve existe, nos guste o no. Para empezar no faltan ocasiones: todo en nosotros y aun alrededor nuestro proclama a gritos lo que somos y lo que es. También el arte apunta, como un dedo valiente e incansable que señala las verdades incómodas, hacia allí donde escuece mirar. Donde cura. Con dulzura y firmeza entra en nosotros. Pinta una marca en los tabiques que condenan las puertas de algunas habitaciones del alma. A veces abre un boquete en ellos para que podamos echar u...
Cuando te pones poética no hay quien te aguante de buena que eres. La cotidianeidad al poder.
ResponderEliminarPor esas pequeñas cositas que tú y yo sabemos.
Pues sigo poética. Pásate por la entrada nueva y me cuentas.
ResponderEliminarBesos.