La naturalidad del fracaso
La obligatoriedad del éxito ha envenenado el aire. Quien más quien menos vive embargado por una intolerable frustración. La incapacidad de materializar de inmediato todos nuestros deseos nos golpea con fiereza.
Sin embargo, no nos paramos a pensar que la fuerza de sus golpes proviene simple y llanamente de la resistencia que le oponemos a la realidad. La naturaleza contempla el fracaso como el estado natural de las cosas y el éxito como la excepción deseable y necesaria que surge entrelazada en el ramillete de los copiosos fracasos que la precedieron y que la seguirán.
Recién llegada a nuestro jardín por cortesía de Josep y Antònia, crece prodigiosa una planta cuyo nombre en castellano no consigo encontrar –hago desde aquí un llamamiento a los lectores con conocimientos de botánica–: en catalán, un crespinell [sedum acre]. Cuando se marchita y seca una de sus flores, pasa a coronar el tallo un botón rojizo que contiene abundantes gránulos negros «como pólvora» –en palabras de Josep–. Uno solo de esos minúsculos gránulos, que caen en la tierra sin que medie intervención humana, basta para hacer germinar otra nueva planta. Y, por si acaso ese uno no lo consigue, le siguen decenas, centenares, miles de semillas más. Con este esfuerzo sobredimensionado, la naturaleza se asegura el éxito, desafiando todas y cada una de las posibles causas de fracaso que ella misma se impone. Así lo hace con el crespinell y lo hace con el olivo, lo hace con la tomatera y con el melocotonero, lo hace con el ser humano –con sus impacientes espermatozoides a la carrera–…
Las altísimas probabilidades de fracasar descorazonan a las almas sensibles. Pero a ellas precisamente les es dada una mayor capacidad de observación con la que advertir que el fracaso es natural, que prolifera y enraíza con inusitada diligencia. Y que la persistencia es nuestra arma más poderosa para abrirnos paso entre su espeso follaje.
Sin embargo, no nos paramos a pensar que la fuerza de sus golpes proviene simple y llanamente de la resistencia que le oponemos a la realidad. La naturaleza contempla el fracaso como el estado natural de las cosas y el éxito como la excepción deseable y necesaria que surge entrelazada en el ramillete de los copiosos fracasos que la precedieron y que la seguirán.
Fotografía © Salva Artesero
Recién llegada a nuestro jardín por cortesía de Josep y Antònia, crece prodigiosa una planta cuyo nombre en castellano no consigo encontrar –hago desde aquí un llamamiento a los lectores con conocimientos de botánica–: en catalán, un crespinell [sedum acre]. Cuando se marchita y seca una de sus flores, pasa a coronar el tallo un botón rojizo que contiene abundantes gránulos negros «como pólvora» –en palabras de Josep–. Uno solo de esos minúsculos gránulos, que caen en la tierra sin que medie intervención humana, basta para hacer germinar otra nueva planta. Y, por si acaso ese uno no lo consigue, le siguen decenas, centenares, miles de semillas más. Con este esfuerzo sobredimensionado, la naturaleza se asegura el éxito, desafiando todas y cada una de las posibles causas de fracaso que ella misma se impone. Así lo hace con el crespinell y lo hace con el olivo, lo hace con la tomatera y con el melocotonero, lo hace con el ser humano –con sus impacientes espermatozoides a la carrera–…
Las altísimas probabilidades de fracasar descorazonan a las almas sensibles. Pero a ellas precisamente les es dada una mayor capacidad de observación con la que advertir que el fracaso es natural, que prolifera y enraíza con inusitada diligencia. Y que la persistencia es nuestra arma más poderosa para abrirnos paso entre su espeso follaje.

Apunte lingüístico de Isabel Cama Llordés:
ResponderEliminar"Segons el diccionari, el crespinell en castellà es diu "pampajarito" i "pimienta de muros"."
[Moltes gràcies, Isabel.]
pero q bonito el articulo,la planta y sus nombres 'pampajarito' o pimienta d muros..la foto x cierto tiene una calidad impecable, felicidades a Salva tb ;)
ResponderEliminarReflexió indispensable en els nostres temps d'impaciència i frustració! Gràcies Ruth.
ResponderEliminarGràcies a tu, Laia: per la paciència, per la persistència -i per la visita, és clar!
ResponderEliminarHola, me gusta mucho la reflexión de este escrito. Ay! Cómo enfrentar el fracaso, que nos acecha a todos. Bien con naturalidad y empatía hacia nosotros, los fracasados. Después están los que prefieren reverenciar ídolos, venerar líderes, creer en razas superiores... negándose a sí mismos, esto es, al ser humano.
ResponderEliminarGracias. Petons.
Gracias a ti, amigo lector anónimo. Estoy contigo, nada de negar al ser humano. Y con Samuel Beckett: "Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor".
ResponderEliminarAbrazos.