Tejiendo vínculos
Tejemos las relaciones hilo a hilo, en telar manual y con esmero. La proximidad, la convivencia o el contacto frecuente, facilitan la labor. Así vamos acumulando vueltas día a día y crece el buen tejido sin sentir. En la cercanía detectamos de manera natural los nudos involuntarios, y los desembrollamos enseguida. Una pasada torpe puede deshacerse y rehacerse con más cuidado en un momento. Y esas taras menores que no tienen remedio, las inevitables imperfecciones, aprende uno a quererlas sin mayor consecuencia cuando media el afecto. Las relaciones de esta naturaleza van ganando profundidad. Su espesor cálido, artesanal, nos abriga cuando arrecia el frío. Pero ahora andamos lejos unos de otros, y vamos demasiado cortos de horas como para cultivar además labores decorativas . Hasta tal punto vivimos instalados en la urgencia de la supervivencia, que permanecemos compulsivamente anclados en ella cuando ya nos hemos provisto en abundancia. Damos muchas relaciones por supuestas y aun por d...