Maroma




De tu orilla a la mía
quise tender un puente,
pasarela de cuerda
trenzada con mechones
que me iba arrancando.

Pero mi crecepelo,
¡pobre!, no daba abasto:
mientras yo disponía
de mis greñas menguantes,
venga a tejer maroma, 

tú empujabas tu orilla
bien lejos de la mía.
Adiós, margen huidizo.
No perderé más pelo
persiguiendo horizontes

que no acunan estrellas
sino carbón mojado.
Calva, te compadezco,
solo y agazapado
en tu despeñadero.
 

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