Lo que nos empuja

C. tiene cincuenta y cinco años y una enfermedad que duele horrores. Así que le traen al fresco la edad crítica y el nido vacío, comparados con el dolor y la convalecencia perenne que éste le impone. Y aun así, apretar los dientes y rabiar no le parecen lo peor de todo. Lo peor es la impotencia, su incapacidad para intervenir precisamente ahora, para contribuir a cambiar las cosas que ve irse irremisiblemente al garete. La suya ha sido, como la de tantos padres de los setenta y los ochenta, una vida consagrada al trabajo con la fe irreductible de quien labra con su presente aplicado un futuro fértil para sus hijos. ¿Basta un inesperado giro financiero de alcance mundial para dar al traste con la labor esperanzada de tantas vidas? ¿Aquel futuro prometido se ha quedado definitivamente en agua de borrajas? 

Todavía no podemos saberlo a ciencia cierta. La realidad es espinosa y sangrienta, como el Sagrado Corazón de esas imágenes a las que se encomendaban las mujeres de fe. Pero, como él, la realidad es también luminosa y sale de sí misma para llegar a otros. La realidad es, al cabo, compleja: visceral, hiriente, sucia, y a la vez brillante, trascendente… 


En el tren, la gente da cabezadas vespertinas mientras se sucede un desfile de mendigos. Nadie los escucha implorar sin convicción ni recitar su queja gastada. Entonces sube una joven que, silenciosa, deja en cada asiento una postal bellísima. Todas son obras de arte. En su reverso se lee: “La imagen que ves en esta postal está creada por mí (Alicia, quien la entrega). Si te gusta y quieres comprarla, estarás, además, contribuyendo a que pueda seguir viviendo de la difusión de mis obras. Muchas gracias”. Esa fascinante pieza mínima aúna dulzura, confianza en los demás, y un trabajo artístico serio y conmovedor. Alicia Suárez Pomerani abandonará España poco tiempo después y regresará a Argentina. No se da por vencido quien emigra ni quien retorna, mientras sigan empujándolo un fin mayor, un deseo profundo, una voluntad que jamás desfallece.
  
"No habrá más princesas", de Alicia Suárez Pomerani 

Como Alicia, tampoco se rinden los hijos de C., ni los hombres y las mujeres de su misma generación, cuyo anunciado futuro se despeñó Bolsa abajo. Peregrinos sin albergue, no por ello se detienen. Algo muy grande los empuja desde dentro.
 

Comentarios

  1. A veces lo que nos da fuerza para seguir luchando son estos reconocimientos que, aunque innecesarios, nos hacen sentir comprendidos.

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  2. Gracias por leer, c. Y sigue sigue sigue luchando.

    Besos.

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